Quiero contarles una historia. Es la historia de Epifanía y de mí. Desde hace ya varios años, Epifanía pasó a ser mi seudónimo, casi como mi segunda piel, mi refugio, mi esencia. Cuando más me sentí perdida, en una contradicción constante, Epifanía fue mi escape, mi poder y mi fuerza. Fui mi más fiel versión, me sentí auténtica y en total sintonía. Nunca antes me había sentido tan libre y en coherencia.
No es casualidad que me haya encontrado con Epifanía en ese entonces. Epifanía no es un ser, aunque lo parezca, sino que es un momento, fue un instante de mi vida donde experimenté la más hermosa revelación.
Creo que la vida son instantes repletos de revelaciones. Algo así como «tomar conciencia», una especie de «despertar», como se dice usualmente, «hacer un clic». Todos hemos atravesado momentos reveladores, como por ejemplo aquel día que sufrimos por amor y nos dimos cuenta de que el amor se construye y cuando se destruye siempre hay tiempo para volver a empezar… con otro amor. O cuando nos independizamos y empezamos a disfrutar de nuestra propia compañía, porque nos dimos cuenta de que primero tenemos que sostenernos, escucharnos y comprendernos. O aquella noche en que en medio de la nostalgia, miramos al cielo y descubrimos lo importante, que solo somos otro punto diminuto en esta galaxia, pero somos únicos, y ese es nuestro mayor tesoro. Cuando fracasamos, dudamos, nos perdimos y nos encontramos con aquella persona que siempre soñamos ser.
Todos hemos tenido una, dos, infinitas Epifanías, algunas más reveladoras que otras, pero Epifanías al fin.
Mi más grande revelación fue hace 4 años cuando me sentí desconforme conmigo, en el lugar donde estaba y con lo que hacía. Comencé a cuestionarme, a mirarme desde la vereda de enfrente. Me sentía presionada, viviendo en piloto automático, corriendo el reloj, llena de compromisos que no me llenaban, haciendo lo que creía que muchos esperaban que hiciera. Hasta que un día me di cuenta de que todo estaba en mis manos, de que ese piloto podía ser yo y de que no precisaba verme desde lejos para darme cuenta de que no estaba viviendo desde mi esencia.
A partir de ese día todo cambio.
Esa fue mi más hermosa revelación.
Cuál ha sido la tuya?
